
Hablamos con el piloto y apasionado por las motos, Tomás Donderis, toda una vida dedicada a las dos ruedas. Persona y moto se unen en un relato de vida muy enriquecedor. Os ofrecemos la charla que tuvimos con él en la revista. Gracias por tu amabilidad y cercanía, Tomás. Un abrazo, campeón.
A Escena Valencia: ¿Desde cuándo tienes ese vínculo con las
motos?
Tomás Donderis: La respuesta es muy fácil, desde que nazco.
Yo nací en el 57, en la calle San Vicente. Justo arriba de donde hay
un taller de motos. Con lo cual, mi niñez era el ruido de tubarro,
de moto de carreras, y el olor a ricino. Y eso, quieras o no, me va
enganchando, me va enganchando desde pequeño... Claro, un niño ante
el ruido y ese olor tan especial, le causa una sensación de querer
más. Además, el chico que corre en moto en ese momento, es mi
vecino. Uno de los días me ve que estoy mirándole y me dice: “¿Por
qué no te bajas?” Y era cómo carburaba la moto de carreras… las
dos motos, tenía dos motos de carreras. Me bajo siendo un crío de
cuatro, cinco, seis años... Mi madre se tiraba de los pelos porque
sabía que las motos me gustaban demasiado. Ahí empieza mi vínculo
con las motos.

A Escena Valencia: Es un vínculo que cuando van pasando los años
está más claro...
Tomás Donderis: Te tiene que llamar la atención. Y a mí la
atención me la llamó el ruido. Ese estruendo que hacían, sobre
todo la moto pequeña, que era una 74… es que me dolían los oídos.
Y con 16 años voy por primera vez a ver una carrera urbana. Voy a
Cullera. Recuerdo el momento que acababan de dar la vuelta de
reconocimiento y forman la parrilla de salida y las motos se paran…
ese silencio. Ese momento de silencio… cuando dan el banderazo de
salida y se ponen 22 o 25 motos en marcha a la vez... Claro, está
dentro de un pueblo, la resonancia es brutal. Se me pone la carne de
gallina y todo, porque recuerdo ese momento tan bonito,
evidentemente.

A Escena Valencia: ¿Qué tipo de motos te gustan más o cuáles
para ti tienen un vínculo especial?
Tomás Donderis: Sobre todo las motos clásicas. Con 17 años,
mis padres me compraron una moto, tanto a mi sobrino como a mí. Una
primera Enduro de 50 años, Gilera Enduro 50 CC. Un ciclomotor. Pero
un poco con pinta de cross, de moto de correr. Yo lo que hago es que
le cambio la rueda trasera por una Montesa Cota 74, con tapón más
pequeño, y con un amiguete empezamos a hacer trial en el barranco de
Paiporta, ahora famoso por lo de la Dana.
Empezamos a hacer trial ahí, hasta que un día oímos unas motos de
dos tiempos, un sonido brutal y cuando cogimos nuestras motos nos
subimos arriba donde estaban. Vemos una Puch Cobra de 74 y una Cappra
125 VB que estaban haciendo motocross. Entre los árboles, habían
hecho una especie de circuito y estaban haciendo motocross.
Ahí a los dos nos pica el gusanillo de que “el trial es un poco
aburrido, ¿por qué no nos pasamos al motocross?”... Entonces, él
se compra una Cappra 360 VB y me desafía a que me compre una moto
mejor que la de él. Entonces, iba mucho por un taller de motos de un
amigo y compramos unas revistas todas las semanas: 'Solo Moto',
‘Motociclismo’, ‘Autopista’, ‘Velocidad’… y uno de
ellos me dice... "Tomás, ¿tú no estabas buscando una moto
gorda?" Y yo le pregunto, "¿cómo lo has sabido?". En
portada, había una Bultaco Frontera 370 MK11... las azules y
amarillas que ponían 'Bultaco 370 MK11... una Pursan matriculada'.
Empiezo a leer las características de la moto. Veo que tiene cinco
marchas. La Cappra de mi amigo tenía cuatro, aparte de llevar una
corona grandísima porque era una moto de motocross y la Bultaco
Frontera era una moto de enduro, con lo cual el plato era bastante
más pequeño. Ganaba más velocidad. Ni corto ni perezoso en aquel
entonces, estaba trabajando para Yoplait como vendedor y repartidor,
ganaba un buen dinero… Entonces me podía permitir comprar esa
moto. Esto te estoy hablando del año 79. Yo tenía entonces 22 años.
Un chaval con 22 años y poder comprar ese pedazo de avión,
imagínate.
Con la revista, me voy al bar de mi amigo y le digo: "José,
mira la moto que me voy a comprar". Se la pido a Autos Montal,
porque ellos traían cualquier tipo de vehículo y la pido en
noviembre del 79 y me la traen en marzo del 80. Algunas veces me iba
llorando porque la moto no llegaba. Me esperaba los 15 días... en 15
días me daban largas... me daban largas...
Pepe Montal era muy amigo de mi padre. Llegó el día en que la moto
había llegado y cuando me la entregan, me la entregan con la rueda
de delante pinchada. Un pinchazo lento, pero la rueda de delante
pinchada. La moto con patada y no arrancaba. Me tocó pedirle ayuda a
un obrero de una obra cercana. Me dio un empujón, arrancamos y nada.
Como era dedicada a motocross lo que hago es llevársela a este
taller de mi amigo y le digo: "Voy a hacer motocross con ella
solamente, única y exclusivamente ¿qué puedo hacer?". Me
dice: "Quitarle el faro y portafaros, la matrícula, piloto,
pata de cabra, caballete central”… si puedo acortar marchas a ver
de qué forma… y le digo: "Pues cambiando la corona y poniendo
una más grande" y me dice que "no, hay un piñón de
Bultaco con un diente menos del que lleva tu moto. Ahora lo quitamos,
lo cambiamos y así acortamos casi cuatro dientes la corona trasera.
No va a correr tanto, pero tu moto tiende a levantarse de la fuerza
que tiene".
Era una moto con mucha fuerza, y con este arreglo aún le hacemos que
tenga más fuerza. Con ese cambio de silencioso, el silencioso de la
Frontera pesaba casi 8 kilos, se lo cambio por el de una Pulsan MK11,
de motocross, mucho más pequeño. Cuando le hago todas las
modificaciones, me voy al bar de mi amigo y le digo, "José ¿no
me dijiste que si me compraba una moto mejor que la tuya?. Ahí la
tienes". Le puse una plaquita ovalada amarilla, muy bonita la
verdad. Hicimos una carrerita de pique entre los dos y en una recta
cuando metí quinta lo perdí y me dijo: "Es verdad, tu moto es
mejor que la mía".

A Escena Valencia: ¿Cómo entras en el mundo de los pilotos de
exhibición, en el mundo de las motos clásicas?
Tomás Donderis: En el 2017, estoy trabajando en el Centro
Comercial de El Osito de la Eliana. Por medio de Facebook, una
persona que se dedica a hacer eventos de motos y coches clásicos me
dice: "Tomás si quieres ver tu Alpine, el Alpine que tenías,
lo exponen en el Ricardo Tormo, en el Club Alpine Valencia". Le
digo, "Vale, gracias Antonio". Acabo de trabajar y me voy
para allá.
Cuando llego allí, lo veo, me hago unas fotos con él, que me las
hace la directora del Club Alpine Valencia. Le explico la historia…
Este coche fue mío, cambié mi Bultaco Frontera por el coche. Es una
historia... Ese coche... cuando soy niño y voy de la mano de mi
madre a casa de mi hermana, me cruzo con uno y le digo: "mamá
cuando sea mayor tendré un coche como ese". La respuesta de mi
madre: "si te doy un guantazo te tiro la cara al revés".
Respuesta de la señora… (risas). Lo veo en el Ricardo Tormo,
empiezo a moverme por allí y me doy cuenta que ahí están las motos
antiguas. Estoy paseando y veo a un familiar mío, Isidro, que es el
ahijado de mi hermana la mayor, y me dice: "Esto lo hacen todos
los años en el mes de marzo". Lo hacen todos los años y vienen
pilotos veteranos. Exponen motos muy antiguas y yo digo: "El año
que viene quedamos y nos venimos".
A partir de ahí, descubrí las exhibiciones porque yo creía que el
mundo de las motos se había acabado. Las carreras urbanas al haber
muertes, al correr en la calle, son muy peligrosas. En Algemesí,
hubo un muerto. En Benidorm, Ángel Nieto mató a una persona del
público. Yo creía que las carreras y las exhibiciones en el
circuito urbano no existían. En Guadassuar, la pista era muy larga y
el organizador nos lo advirtió: "Chicos, cuidado que en la
recta vais a meter quinta y en quinta la moto coge una punta...".
En mi caso, la moto es una moto de calle pero está desarrollada para
las carreras.

A Escena Valencia: ¿Cuál ha sido la evolución para llegar a
esta moto?
Tomás Donderis: La moto que tengo la amo y la verdad es que
la he conseguido casi de casualidad. Cuando yo debuto en el 2020 en
la exhibición de l'Alcúdia, con una moto prestada, una Yamaha TZR
de 80 de un compañero de Facebook que no nos conocemos. En la
carrera de Xàtiva, del día 15 de agosto, nos conocemos y antes de
despedirnos me dijo que le diera mi número de teléfono, que quería
hablar conmigo. Esto fue en agosto y en noviembre me llama y me dice:
"Tengo una moto. Una Yamaha 80 TZR. Me operan de la cadera en
enero. Si te dejo la moto, tú en febrero saldrás a la exhibición
de l'Alcúdia. La moto yo te la dejo. Si se rompe algo, vamos a
medias”. Yo le dije que no tenía licencia. Me dijo que en las
exhibiciones, la licencia no hace falta. “Te inscribes y pagas un
seguro, es el seguro del día”. Si te pasa algo a ti o a alguien de
tu alrededor, el seguro lo cubre. Le dije que le pediría opinión a
la familia, a ver qué me decían.
Lo comento en casa y me dijeron que si era el sueño de mi vida cómo
no lo iba a hacer. Total, que este chico que tiene ahora mi moto es
un chico de Massalavés. Me trae el mono, yo tengo casco
evidentemente. Me trae unos guantes y me trae unas botas. Con esa
equipación y la moto prestada, hago la exhibición en Alcúdia. Hago
dos tandas de 20 minutos. No rompo nada. No me caigo. No quedo el
último... incluso había gente que había apostado a ver cuántas
vueltas iba a durar encima de la moto, que además eran amigos míos.
Devuelvo la moto intacta a su dueño y cuando me bajo de la moto, el
dueño me dijo que tuviera cuidado porque esto engancha.

A Escena Valencia: Quería preguntarte también por tu experiencia
en Madrid...
Tomás Donderis: Madrid también tiene algo especial para mí.
Al primer gran premio que voy, precisamente con este amigo de la
Cappra... Este amigo y yo siempre hemos sido uña y carne. Nos hemos
criado juntos y en el primer viaje que hacemos al Jarama por la noche
salimos y conocemos la noche de Madrid. Ahí entendí el por qué del
Madrid al cielo.
Madrid en la época del equipo de motos en los 80... había un martes
que mi madre entraba en la habitación y me decía: "¿Qué
haces? ¿Ya te bajas con la mochila a tu segunda casa?". El
Jarama para mí era mi segunda casa. Cargábamos dos o tres motos en
el remolque y nos íbamos al Jarama a probarlas. Hacíamos retoques y
si no las dejábamos hasta la siguiente carrera. Además, me casé
con una madrileña, así que... mis suegros son chulapos... He pasado
muchas vacaciones en Aranjuez visitando a la familia... (risas).

A Escena Valencia: Quería preguntarte por el tipo de indumentaria
que sueles usar y también, aparte del mundo de las clásicas, por
algún viaje o alguna experiencia que te haya marcado mucho en la
moto.
Tomás Donderis: Viajes en moto... este viaje a Madrid, porque
mi amigo se compra un Barbour Belfast que le cuesta 10.000 pesetas y
yo en el rastro me compro un Barbour ruso que me cuesta 50. O sea su
Barbour cuesta 50 euros y el mío vale 3 euros. Cuando viajamos a
Madrid, nos empieza a llover por el camino. Él va delante, yo voy
detrás, pero en su Barbour de 50 euros se cala agua. La lluvia le
cala por la costura de la cremallera y se le cuela el agua. También
es verdad que yo voy detrás. He pegado mi pecho a su espalda. Cuando
paramos en una gasolinera, me dice: "¿Te lo puedes creer? Llevo
la camiseta mojada". En mi caso, no me había mojado nada. Lo
comentamos como anécdota, el de 60 euros cala y el de 3 euros no.
Ese viaje, me acuerdo que fue muy especial. Por las curvas del
pantano de Alarcón, de golpe y de repente, a nuestra altura se pone
una Ducati 900 SS, que quien la llevaba luego fue el piloto de las
'Motociclismo Series' en los 80. A rebufo de él, iba uno con una
Bultaco Streaker 125 que le habían metido un motor Pursang y se iba
a Madrid a hacerle rodaje. Entonces, iban a rebufo el uno del otro y
por las curvas del pantano de Alarcón el de la Ducati nos adelanta y
nos vemos al de la Streaker pegado a sus ruedas. Cuando paramos en la
gasolinera se quita el casco. El piloto de la Ducati era amigo
nuestro, José Ángel Ibáñez, famoso piloto, "El Ángel
Volador". En el barrio, le llamábamos "El Ángel Volador"
y eso... nos corrimos las series en los 80 con la Honda 1000 CBX...
con Francisco Albuixech, que era otro piloto en la Copa OSSA F3... y
con Miguel Salas Navarro íbamos a correr con una Kawasaki Z1000, una
moto inglesa que en España no existía, pero esa moto la rompimos
yendo hacia el Jarama. Volcó el remolque y se destrozó. Esa moto
nunca llegó a correr, solamente nos dimos una vuelta por la calle
del taller. Era alucinante cómo iba la moto. Le metías tercera, le
enrollabas y te quería adelantar la rueda de detrás de la cantidad
de caballos que sacaba...
Por eso, te digo que mi vida ha estado vinculada al mundo de las
motos. La indumentaria tienes que llevar por supuesto un mono de
carrera, guantes con protecciones de kevlar o carbono en los
nudillos, casco homologado y botas homologadas. Vamos muy preparados.
Los monos de dos piezas están prohibidos, porque en caso de caída
se pueden separar. Hay veces que en las exhibiciones viene gente de
la federación para pasar esas revisiones. Revisan que las motos
estén todas bien, tornillos precintados con alambre, cubre cadenas
con la media luna para que si te caes no meter el pie entre la cadena
y la corona. Hay unas medidas de seguridad muy estrictas. Si alguna
no la pasas, no corres y ya está.

A Escena Valencia: Si tuvieras que echar la vista atrás y hacer
como una especie de reflexión sobre la moto, ¿qué ha aportado en
tu vida?
Tomás Donderis: ¿Qué ha aportado la moto en mi vida? Todo,
absolutamente todo. Si en vez de nacer en Valencia arriba de un
taller de motos, hubiera nacido en Logroño... arriba de una
zapatería, o una ferretería, o una carnicería… mi vida sería un
desastre.
O sea, yo siempre lo he dicho, he tenido mucha suerte en esta vida.
Porque las motos entran en mi vida tan sumamente pronto, además mi
madre había veces que se reía y otras veces no. Porque a mi madre
le decía que en mi cuerpo me había entrado al mismo tiempo el olor
a la leche materna que al aceite de ricino. Mi madre se ponía loca,
porque sabía que las motos me encantaban. Y luego cuando me compré
el Alpine, nada más comprarlo, lo aparqué enfrente de mi casa. Ella
estaba en la cocina y le digo: "Mamá, ven, yo te quiero enseñar
una cosa". La saco al balcón y le digo: "¿Tú ves el
coche de ahí?. Pues este coche es mío." Y le digo: “¿Qué
pasa, qué te emociona?". Se puso como a llorar. Y ella me dice:
"Hijo mío, que te vas a matar". Porque sabía que a mí la
velocidad me iba mucho. Y claro, el coche estando parado ya era como
si fuera a 200.
Estaba muy emocionado. Me puse a llorar. Pero claro, ella lloraba por
un motivo y yo lloraba por otro muy diferente. Yo había hecho
realidad el sueño de niño, lo acababa de hacer realidad. Tenía el
coche de mis sueños. Lo tenía delante de mí y las llaves en mi
bolsillo.

A Escena Valencia: ¿Hasta cuándo piensas estar en las
exhibiciones de moto clásica?
Tomás Donderis: Hasta que
alguien en la parrilla de salida o alguien de la organización me
diga que por edad o por estado físico no puedo correr. Continuaría
como público porque la afición siempre tira mucho.
Muchas gracias a Tomás Donderis por esta charla sobre motos y
vida para la revista A Escena Valencia.
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