
Hablamos con el dramaturgo y actor Antonio Escámez sobre una de las obras más aplaudidas de la temporada en la cartelera valenciana, 'Ser grandes en Japón', protagonizada por Miguel Seguí y Rafael Calatayud, quien también firma la dirección. La obra forma parte del programa de Residencias de la Sala Carme Teatre.
A Escena Valencia: Lo primero, darte la enhorabuena por el texto y por el trabajo. Se nota que está hecho desde la pasión por el teatro y con mucha intensidad. ¿Cómo nació la idea de ‘Ser grandes en Japón’?
Antonio Escámez: Nace de algo muy básico y es la obra del pollito Fosfi. El monólogo que hace Rafa sobre la muerte del pollo, esta idea de hablar de la muerte. Mis padres me encargaron un texto para el Torneo de Dramaturgia, y mis padres murieron de cáncer terminal, muy jóvenes. Entonces, recordaba el primer contacto que tuve con la muerte, que fue el pollito que se me murió. Ya había empezado a gestar eso, pensando en el Torneo de Dramaturgia, en el Rialto, y escribo una especie de historia, que no es esta pieza, pero que ya es el germen.
Eso se queda dentro, pasa lo de mis padres, me voy a Tánger, empiezo a investigar, a mí me encanta Tennessee Williams. Allí empecé a investigar sobre Williams, y ya empiezo a desarrollar la Residencia de la Carme y pensar en Rafael Calatayud. Empecé a escribir, también al ver con distancia nuestra profesión. Empezó a atarse todo.
Esta obra nace de todo esto, de la muerte y de lo opuesto a la muerte, que es para mí el deseo. Y lo decía Tennessee Williams también. Tener una segunda oportunidad en la vida para volver a empezar.

A Escena Valencia: ¿Y qué es lo que más te ha interesado a la hora de escribir? ¿Qué estilo o qué tipo de escritura?
Antonio Escámez: A mí me fascinan mucho las estructuras. Tanto en teatro como en cine. Algo que para mí es muy importante es la estructura, incluso el género. Porque no es lo mismo... Todo está contado y todo está dicho, ¿cómo lo cuentas? Primero, cuento las estructuras. Y esta obra se cuenta con una estructura muy concreta, lo que es algo muy sencillo, muy teatral. Son dos personajes que se encuentran y un conflicto. Hay una especie de estructura que hay que poner en marcha. Voy a hacer referencias a ‘La huella’, a ese juego de thriller entre los dos personajes. Es importante encontrar la estructura. Pienso en los temas, en las imágenes… Trabajar la estructura me interesa mucho.
Con Rafa luego lo potenciamos, nos interesaba mucho hacer teatro, teatro de palabras y de actores, de personajes, de una situación muy concreta y poco abalorio y adorno. Para volver a ver qué poder tiene la palabra para evocar y para ver eso necesitaba una estructura para mí muy afinada. Me centré mucho en la estructura y ya cuando encontré la estructura, lo que fueron los diálogos fue muy sencillo, porque en la estructura también estaba, qué iba a pasar con estos personajes. Se iban a hacer homenajes a Tennessee Williams, homenajes a Pinter… No copiar, sino coger toda la historia del teatro. El teatro del absurdo, los silencios pinterianos, la verborrea de Tennessee Williams. Una vez encontré eso, me fue fácil encontrar lo otro.

A Escena Valencia: Quería preguntarte, ¿cómo ha sido el binomio de trabajar con Rafa en la dirección escénica?
Antonio Escámez: Ha sido maravilloso, es muy perfeccionista, igual que yo, que eso también me gusta, pero también es doloroso porque nos obsesionamos. Creo que un artista tiene que obsesionarse con lo que hace, sino es imposible.
Si realmente entras en un proceso, te empiezas a obsesionar. Hemos estado un año previo a la residencia, a los ensayos y a todo, con la historia. Rafa y yo íbamos quedando una o dos veces por semana, o en su casa o en la mía, leyendo el texto, haciendo lecturas, cambiando cosas, viendo cine, leyendo, compartiéndolo, obsesionándonos, llamándonos a las siete de la mañana en plan “he encontrado esto”… encontrando el mundo estético. Hemos estado un año que ha sido maravilloso porque nos hemos nutrido muchísimo el uno al otro. Ha hecho crecer el texto. Cuando se lo leí, se lo presenté como director, porque pensé que quería hacerlo como director y no como actor porque llevaba tiempo sin actuar y me dijo que lo quería hacer. Ya sabíamos desde un principio que él dirigiría y actuaría, fue un proceso obsesivo para los dos. Nos hemos juntado dos obsesivos del teatro, del cine y de la música, hemos escuchado mucha música y también nos hemos conocido. No nos conocíamos más allá de lo profesional.
Nunca habíamos trabajado juntos y nuestros mundos se encontraron muy bien. De hecho, vamos a seguir trabajando juntos, tenemos proyectos ya en marcha.

A Escena Valencia: ¿Cuáles han sido las reacciones después del estreno?
Antonio Escámez: Mucho cariño, comentarios muy positivos, de compañeros de profesión, de la prensa, de la crítica, del público de a pie, que además a mí el público de a pie me interesa mucho. Si no siempre nos quedamos en la misma endogamia, y ya lo intenté hacer desde el texto, que aunque hablara del teatro, que se universalizaran los sentimientos y que cualquier persona se pudiese identificar.
Rafa también, que no nos quedemos solo en lo teatral, no hablamos de lo teatral, sino que podamos llegar a todo el mundo. También la gente muy joven entra mucho, todo el humor que había, pero Rafa lo ha potenciado mucho. Hacer esta tragicomedia de toda la vida. Estamos teniendo una acogida y un cariño por parte de todos que estamos sobrepasados, muy agradecidos. Además, para hacer esto, me he abierto una productora y he coproducido.
He puesto mucho dinero de mi bolsillo y era como darlo todo. Ver que está llegando el mensaje, que nos escribe gente que no conocemos por las redes, la gente la ve, hay gente que ha vuelto dos o tres veces. Hoy en día hacer que la gente vaya al teatro es muy bonito.

A Escena Valencia: Como creativo, estás en varias cosas, no solamente en la escritura, también en la producción, promoción... ¿cómo lo gestionas?
Antonio Escámez: La parte creativa es con la que he nacido. Desde pequeño. Empecé a escribir y a actuar desde los 9 años y empecé profesionalmente a los 14. Escribiendo, estudié arte dramático, estudié guion, estudié dramaturgia. Hubo momentos que la gente me decía que tenía que elegir, tenía que ser actor o tenía que ser otra cosa. Esta cosa más renacentista de hacer varias cosas... en Estados Unidos o en Argentina es más normal, y ahora esto ya empieza a normalizarse aquí.
Además, está la parte innata. Tú tienes tu mundo dentro y simplemente con la técnica lo sacas. Detrás hay otras cosas, la producción, la promoción, que ahí ya dejas de tener la ficción o los personajes para esconderte... Son otras tareas y es un mundo bastante precario.
Cuando tienes un proyecto, no solo sirve con tener una buena pieza o tener unos grandes actores. No es suficiente. Tienes que cuidar mucho. Para mí es mi bebé. He aprendido a producir, he aprendido a hacer relaciones públicas, he aprendido a hablar en televisión. He aprendido todo eso.
Soy una persona extremadamente tímida para poder cuidar al máximo a mi equipo, a mi bebé y a mi familia. Es agotador, pero también es muy gratificante.

A Escena Valencia: ¿Sobre qué temas te gusta escribir o qué autores te gusta tener como referencia?
Antonio Escámez: Sin duda, Tennessee Williams. Está muy valorado, obviamente, pero pienso que puede estarlo más, que se montara un poquito más, porque también sus derechos son muy difíciles.
Con Tennessee Williams, ya desde niño que vi una película. Tengo una cercanía muy grande en temática, también en tipo de lenguaje. Y creo que Rafa también. Lo tengo muy dentro. Tennessee Williams me inspira muchísimo, luego también me inspira mucho la novela.
Me gusta mucho leer teatro, pero a la hora de escribir, creo que la novela es mi gran maestra. Hay diferentes autores. Desde Manuel Puig, M. Foster, y el cine, obviamente. Aquí, aunque no lo parezca, porque hay un lenguaje elevado, poético a veces, hay mucho de Hitchcock.
Creo que aunque estés contando el drama más naturalista del mundo, las historias tienen que tener una especie de sustento. Y eso, Hitchcock lo sabía muy bien, pues ahora es un autor de culto, no un autor solo comercial. Los franceses se volvieron locos con él en la Nouvelle Vague porque su cine hablaba de los grandes temas de la muerte, el deseo... Pero desde un lugar, desde el suspense de la vida, que lo llamo yo, no del suspense como género. Y también pensando en el público, esto es para un público, no para nosotros.
Tener al público, para mí, es una parte más de la escritura, de la actuación. Autores contemporáneos, como Rodolf Sirera, ‘El verí del teatre’, siempre ha sido un referente para mí. Autores contemporáneos como Víctor Sánchez, Lucía Carvajal, la nueva dramaturgia española. Paco Zarzoso, que ha sido uno de mis grandes maestros, y el primero que en la escuela de arte dramático ya me animó a escribir. Son más o menos mis referentes clásicos, porque creo que no puedes escribir si no conoces primero los clásicos en profundidad.
Tennessee Williams, Genet y Voltaire son mi ideología de cabecera.

A Escena Valencia: Volviendo a la obra, hemos hablado de la escritura y de la dramaturgia, hemos hablado de la dirección escénica, y nos faltaría, digamos, la parte actoral también. En tu caso, porque lo hemos comentado, el personaje de Miguel Seguí estaba previsto que lo hicieras tú.
Antonio Escámez: Es correcto. Cuando lo escribí, sí tenía en mente a Miguel, porque es un actor que conozco desde la escuela, siempre me ha gustado muchísimo, siempre tenía muchas ganas de trabajar con él. En un principio, siempre lo tenía en la cabeza, lo veía en el personaje del camarero músico. En un momento pensé en cambiar la edad de los personajes, que fueran compañeros de promoción, uno tendría más éxito que el otro. Odio la palabra éxito. Y hacerlo Miguel y yo, yo hacer el actor y Miguel el camarero.
Luego, cuando Rafa quiso, pensé en que hacía yo el camarero. Justo me entró el COVID, me puse muy enfermo. Esto es el destino. Tiene que hacerlo Miguel. También pensé, no en todo lo que escribo tengo que actuar. Pensé que no lo hacía por el bien de todos, de la compañía, de mi salud, y no dudé. Rafa y Miguel no se conocían. Así que creo que ha sido una decisión maravillosa. Miguel hace un trabajazo muy fino. Es muy difícil porque estar al lado de un actor y de un peso pesado, con sus monólogos, el estilismo, y tienes que hacer mucha escucha y trabajar la escucha. Es tan difícil, en general, pero en el teatro mucho. Miguel escucha como nadie, le sirve la función a Rafa y tiene una química brutal. Para mí es una masterclass de interpretación y verlos actuar cada día. Aprendes más a actuar, a escribir, creo que están soberbios.
Muchas veces, el autor y el director, o los actores a veces si es o son los autores, piensas que no me gusta lo que van a estar contando, no me gusta lo que van a estar haciendo. Siempre pasa. Muchos autores acaban dirigiendo sus obras. En mi caso, era como "haced lo que queráis, todo lo que hacéis me encanta". Estaba en todo. Además yo he estado también ayudando en dirección. Rafa es muy respetuoso. Todos son muy respetuosos. Cada cosa que proponía me parecía mejor. Cuando veo la obra, me olvido, de hecho, no siento ni que la haya escrito yo, pero es como estar viendo, volver a ser espectador, volver a tener 12 años, estar sentado en una butaca viendo una obra de teatro, que es lo más bonito, que tu propio teatro, tu propia compañía te hagan sentir espectador.
Me gustaría invitar a la gente a que vaya al teatro. Estamos en una era que tenemos todo en casa, podemos ver tele desde casa, Netflix, scroll con el móvil, que no se lo pierdan, que el teatro es para todo el mundo y para los jóvenes. No es otra cosa aburrida, que es vivir, que es respirar todos juntos, actores y público, potenciar que, por favor, vayamos todos al teatro, los de a pie, también los de teatro. Eso es lo que me gustaría hacer, luchar para que haya espectadores, y que no se pierdan lo que pasa en vivo cada noche en una sala.

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