Hablamos con Lorenzo Gimeno, buen amigo y una persona con una gran pasión por la moto, una enorme determinación y un camino recorrido de superación personal. Tras sufrir un accidente en el trabajo, pudo volver a montar en moto con su gran esfuerzo y disciplina, además de adaptar su propia moto a sus nuevas circunstancias. Gracias, Lorenzo.

A Escena Valencia: La verdad es que me quedo impresionado con lo que me estabas diciendo. Me gustaría, ya que lo hemos hablado antes de esta charla para la revista, que me comentaras ¿cómo ha sido esa evolución de llevar moto y sobre todo adaptarte a las circunstancias?

Lorenzo Gimeno: Me compré una 125 simplemente para poder moverme dentro del pueblo, ir a trabajar e ir a comprar el pan. Conoces a gente que tiene una 125 y de pronto te ves metido en un grupo de gente con 125 que salen a viajar o que salen a dar una vuelta todos los domingos. Te das cuenta de que sales un día, sales otro día, sales otro... y un día te has hecho 400 kilómetros en una 125… Piensas que si esto lo hiciera con una moto más grande, esto tiene que molar. Me saqué el A2. Con el tema de mi minusvalía, empecé con el A2 y con cambio automático.

Una vez que me saqué el A2 con cambio automático, me compré la NC con el cambio DTC, con el cambio automático. Vi la maravilla que era poder llevar una moto con 47 caballos, poder llevar a mi mujer sin un lastre, sin esa particularidad. Pasar de 15 caballos a 47 es un mundo. Pero como todo en este mundo, y sobre todo los moteros, siempre vamos con un poquito más, siempre queremos un poquito más. Me acuerdo que un día subiendo un puerto de montaña, veníamos de viaje, muy cargados, me di cuenta que la moto como que iba sufriendo. Ya no sé si la moto sufría o era yo el que sufría. Pero me dije que quería más y me saqué el A1.

Con el A1 no hay con cambio automático, es con cambio manual. Con mi mano y con un pequeño esfuerzo, tanto por mí como por la autoescuela, conseguimos un quickshifter en la moto para probarla, para hacer las pruebas. La mano solamente la usaba para salir, lo demás lo hacía prácticamente con el quickshifter y me permitió sacarme el A1.

El A te abre un mundo inmenso, aunque con el A2 te puedes ir a la otra parte del mundo, con 47 caballos. Hice con 47 caballos el “Sol a Sol”, 900 kilómetros en un día, y lo hice. Fui con gente que llevaba un motor de 150 caballos y nunca me quedé atrás. Es gestionar lo que tienes que hacer. El A me llamaba mucho porque quería una moto donde podía llevar a Mariví, donde podía llevar a mi pareja y no sufrir. La verdad es que va muy bien.

A Escena Valencia: Hubo un momento bastante doloroso para ti, pero afortunadamente lo superaste con creces. ¿Cómo fue esa pausa en tu vida y volver otra vez a montar en moto?

Lorenzo Gimeno: El corte en mi vida fue por un accidente en el 2002, donde me pilló la mano una máquina de hacer cajas de cartón, en la que perdí prácticamente toda la movilidad y mucha parte de la mano.

Después de 19 intervenciones y gracias al médico, una parte de mi espalda que está aquí puesta, de la piel de mis piernas, de tendones de mis pies y de Pedro Cavadas, que consiguió hacerme recuperar parte de la mano, hacer pinza, prácticamente es lo más importante. Pillé una depresión, dejé perder carnets, dejé perder todo, menos el carnet de coche, prácticamente lo dejé perder todo.

Como podía llevar la 125 con carnet de coche, vi una oportunidad de al menos salir un poco de esas circunstancias... A partir de ahí, es una especie de tobogán hacia arriba, donde cada vez intentas ir a más, y la verdad que hoy por hoy estoy muy contento. El mundo de la moto es un mundo bestial.

A Escena Valencia: Estoy ahora hablando contigo y sí que veo esa capacidad de superación. Se te ve mucho en la mirada, esas ganas, esa ilusión. Has venido ahora con la moto para esta charla y transmites ese entusiasmo. ¿Cómo es esta moto?, ¿qué es lo más importante para ti, por qué la elegiste y por qué te hace sentir cómodo?

Lorenzo Gimeno: Primero, por el cambio automático, el DTC para mí es esencial, más que nada por el tema de mi minusvalía. El cambio automático, además, Honda lo tiene muy afinado y funciona muy bien. Llevar 102 caballos te permite ir cargado a la hora de viajar, pero te permite tener muchísima soltura. Los bajos que tiene la moto son tremendos. Es un tractor prácticamente, que te permite poder curvear con una capacidad que motos más grandes no tienen, y también la comodidad. La moto es un sofá sobre ruedas donde te puedes hacer 700 kilómetros y decir: “he llegado y me voy a hacer 300 más”.

Esa fue mi elección. En aquel momento, cuando la compré, tampoco estaba la BMW, la 1300 con el cambio ASA, que hoy por hoy me tiene muy “picadillo”, pero que a día de hoy me costaría mucho cambiar. Es la segunda Honda que tengo y estoy muy contento con ella.

Además, siempre se han portado bien y nunca he tenido ningún problema. El concesionario donde estoy... la moto la compré en Alicante... siempre se han portado muy bien. Estoy agradecido a la marca y agradecido a todos los esfuerzos. Soy de Honda y es complicado que cambie.

A Escena Valencia: Quería preguntarte a nivel de equipación, ¿qué sueles preferir? ¿Alguna marca en concreto de casco, de guantes, de chaqueta?

Lorenzo Gimeno: Soy un poco friki con el tema de los cascos. Puedo tener como 4 o 5 cascos en mi casa y según lo que vaya a hacer... La verdad que tengo el Shoei Neotech y va muy bien.

Tengo un estante lleno de cascos. Para los lunes, martes, miércoles... Podría hacerlo, pero sí que según lo que vaya a ser, cojo uno u otro. A veces, los cascos como la moto creo que son muy de cómo te sientes en ese momento. Lo mismo que la ropa. Hoy me he venido con el de Enduro.

El Enduro lleva la cúpula negra, voy más cómodo para conducir con el sol... Normalmente el sol lo tengo de cara por la mañana y con esa visera voy más cómodo. Normalmente, para viajar llevo el Neotech. Tengo también otro Shoei, el GT Air 2. Tengo un MT abierto, que es cuando me llevo la moto al mecánico, me muevo en el pueblo... y el próximo casco se lo voy a comprar a mi mujer porque si no mi mujer me cortará el cuello... y ya no me podré poner ninguno (risas). La moto, un día leí que los moteros somos como niños y nuestro juguete es la moto. Estoy completamente de acuerdo con eso.

Cuando monto en mi moto, se me pone una sonrisa que cuando me meto en el coche no la tengo. Parecerá un poco absurdo o tontería, pero cuando me moto en la moto, la mierda, y perdón por la palabra, que a veces tenemos en la cabeza, se va quedando detrás. Se va quedando por el camino… Me gusta mucho hacer el “psicocasco”. Me ayuda mucho a encontrarme a mí mismo. Soy también a veces de salir solo. Me gusta salir mucho en grupo, pero soy de esas personas que se levantan una mañana y le apetece dar una vuelta.

A lo mejor, esas tres horas de curvas, de aire, me ayudan... Tengo un trabajo bastante estresante. Llevo el tema de seguridad de PCI, de protección contra incendios. Llevo el tema de obras… Es bastante estresante por temas de tiempo, por temas de dinero, por temas de sacar cálculos. Esto me ayuda a poder mantenerme fresco cuando llega el lunes.

A Escena Valencia: ¿Qué tipo de viajes te gusta hacer? ¿Qué tipo de rutas te gustan?

Lorenzo Gimeno: Me gustan todas. Tengo dentro del grupo cuatro amigos que somos amigos desde el principio de llevar motos. Que somos como hermanos, los cuatro, y además tenemos nuestro grupo. Cuando salgo con mi grupo que son los “Moto viajeros Alicante”. Nos vamos de viaje y somos una hermandad de 30 personas. Todos nos llevamos muy bien.

Hemos hecho viajes a Velefique… Nos hemos ido de viaje hasta en coche. Por la hermandad que hay y por el buen rollo que hay. La moto no solo te da o te produce buen rollo, sino que abre mucho el mundo. Te abre el mundo y te abre a conocer muchísima gente que de otra manera sería muy complicado conocer. Dentro de mi grupo, tenemos maestros, profesores... Tenemos gente de todo. Al final, te das cuenta que el nexo de unión es la moto. A veces sentirte como el hermano mayor y a veces sentirte como el hermano pequeño.

Siempre hay gente que te va a enseñar y hay gente a la que tú puedes enseñar. Eso te engrandece. Te hace sentirte bien y arropado. El mundo de la moto te da eso y es muy complicado que en otros aspectos tengas esa sensación. He aprendido más yendo detrás con gente que sabe, que yendo adelante sin saber. La gente que sabe te va a indicar por dónde hay que entrar, cómo hay que atraer la curva, cómo tienes que entrar al vértice, dónde acelerar, dónde frenar...

En las rectas todo el mundo es bueno, donde hay que aprender es en las curvas. Además, disfruto cuando voy detrás de alguien que sabe y que tiene experiencia. A veces, voy con un amigo, es una persona más mayor y muchas veces me pongo detrás de él porque es tan fino, que va rápido sin ir forzado.

Cuando he ido con gente que tiene R's llegan “superforzados” a una frenada, se tienen que tirar porque si no, no entran en curva. Este hombre frena, se mete en curva, va tan rápido como el de la R y no va nada forzado. Ni fuerza ruedas, ni fuerza amortiguación, ni fuerza frenos. Y es por lo fino que va. Ir detrás de la gente que sabe es la única forma de aprender de verdad. Te aseguro que nunca vas a ir el último. Siempre habrá alguien que va detrás de ti.

Todos tenemos alguien dentro de los grupos que cuida. En mi grupo, tengo un muy buen amigo que siempre va el último. Siempre va el último porque dice que si pasa algo, él tiene que estar.

Es ese puntito de adrenalina. La porquería a veces que llevamos en la cabeza de toda la semana de trabajo, de discusiones con los clientes… Es cuando parece que todo se va quedando... Lo comparo también a cuando yo buceaba. Me acuerdo que me quedaba flotando arriba, era de toda la porquería mental que se había quedado abajo. Ahora me pasa con la moto.

A Escena Valencia: Si echas la vista atrás, realmente hay pocas cosas que no haces. Me alegro mucho porque has sabido sobreponerte a un accidente y hacer tu vida con normalidad.

Lorenzo Gimeno: Sí, un poco también porque soy una persona muy intranquila. Mi mujer me lo dice siempre. No te gusta nunca ir detrás. Intentas, si no ser el mejor, al menos estar ahí. Tanto en mi trabajo como en todo. Soy una persona que analiza mucho, que lee mucho, que intenta siempre mejorar.

Dentro de mi empresa, soy de los que siempre quiere hacer algo nuevo. Aunque el jefe no quiera, soy de los que intenta siempre proponer y probar cosas nuevas. Me gusta ir hacia adelante. No me iba a permitir que la mano me dejara detrás. No lo iba a permitir. Es algo que me niego en redondo y que no lo permito. No me lo permito a mí mismo. Creo que es lo más importante.

Pedro Cavadas me dijo una vez que había gente que le faltaba un dedo y eran menos válidos. Pero que había gente que iba en una silla de ruedas y se comían el mundo. Y te das cuenta de que te dices a ti mismo: “¿A qué grupo quieres pertenecer?”

Gracias a Dios, lo que tengo, después de lo que vi en el centro de rehabilitación de Levante, no es nada, absolutamente nada, para lo que hay allí. Me tengo que sentir incluso agradecido a lo que hay allí arriba por estar aquí y por hacer lo que hago. Como me dijo también Pedro, llevar 19 intervenciones... Hay gente que le hacen 12 y dice “ya no más”. Y yo decía: “Vamos a probar, vamos a probar”… Así se consigue. Era la única forma de conseguir ir hacia adelante.

Pedro me dijo: “Lorenzo, hasta aquí”. Si no, estaría siguiendo. Estaría siguiendo para mejorar.

A Escena Valencia: ¿Tienes algún momento que recuerdas que te haya impactado de alguna ruta en moto?

Lorenzo Gimeno: Recuerdo el que hicimos a Coll d’Aubisque (Francia) y la subida entre la bruma con esos parajes. Es otro mundo. Esas carreteras estrechitas, las vacas por el medio... Fue una experiencia muy chula. No es una experiencia de correr, es una experiencia de saborearla, de sentirla. Lo hablo con mucha pasión, pero hay que vivirlo, hay que sentir eso para poder tenerlo interiorizado.

Para mí, esa ha sido, por ahora, la que más me ha llenado.

A Escena Valencia: ¿Cómo fue ese primer viaje con esta moto?

Lorenzo Gimeno: Me acuerdo que cuando la recogí nueva, mi mujer iba con el coche porque la recogimos en Alicante. Yo vivo en Petrer y me dijo que iría detrás de mi y que yo cuando llegara a casa, la guardara. Mi mujer cuando llegó con el coche dijo: “No te bajes de la moto que cojo la chaqueta y cojo el casco”, y nos fuimos a Benidorm a tomar un café. Había que probarla (risas).

El primer viaje cuando la cargamos... ese gusanillo que no duermes durante la noche porque te vas a ir de viaje. Esos nervios, era estrenar un juguete... Lo mismo que un niño no descansa y quiere probar ese juguete. A nosotros nos pasa igual. Somos niños grandes con juguetes caros porque la moto hay que ser sincero: es cara.

Mantener una moto es caro. Las ruedas son caras, pero esto lo decimos mucho por aquí: “hay que pagar una mortaja y no la vas a disfrutar”, pues lo que te gastes disfrutándolo yo creo que está bien gastado.

Me acuerdo el primer viaje que hicimos. Fue a Almería y me acuerdo que estábamos en un mirador con unas vistas al mar tremendas.

Una de las cosas que más me hizo cambiar de moto… Cambiar de la MP3 a la NC, que es la primera que tuve, fue que iba con unos amigos que tienen una V-Strom. Iban dos con la V-Strom y yo iba detrás. Había que adelantar. Ellos adelantaron y yo cuando intenté adelantar con la MP3 me di cuenta que no podía. Me tuve que meter otra vez porque venía un coche y estaba esa sensación de inseguridad.

El mundo de la moto es muy bonito. A mi y a mi pareja nos ha abierto la mirada al mundo de una manera muy especial. Soy muy feliz cuando Mariví se monta en la moto. Esa unión de pareja también se consigue con la moto y es un placer hacer viajes y compartir experiencias.

Muchas gracias a Lorenzo Gimeno por esta entrevista para la revista A Escena Valencia.