Hablamos en la revista con el actor Sergio Caballero. Estas Navidades ha llenado el patio de butacas del Teatro Olympia con el gran fenómeno teatral de 'Los chicos del coro', dirigido por Juan Luis Iborra. Esta semana y hasta el 1 de febrero le podremos ver en 'Escape Room' en el Teatre Talia, una de las sensaciones de la cartelera valenciana.


A Escena Valencia: ¿Cómo es trabajar en un fenómeno teatral como 'Los chicos del coro'?

Sergio Caballero: Realmente ha sido espectacular en muchos aspectos. A nivel profesional enfrentarme a un musical de tal magnitud por primera vez, salir de mi zona de confort como actor me ha dado confianza en mí mismo y fuerzas renovadas para seguir. Reencontrarme con la magia del oficio a nivel técnico también ha sido brutal: caminar entre las increíbles luces del gran Juanjo Llorens, la espectacular escenografía de Pizarro, el pedazo de técnicos que hay detrás de bambalinas… y descubrir otra gran familia: la del musical. Estar mezclado entre los niños y niñas, cuando uno lleva uno dentro de sí mismo -del que no ha querido nunca soltarle la mano- me ha hecho vivir la experiencia desde la mirada de uno de ellos. Son muchos aspectos que han hecho de esta oportunidad una experiencia realmente nueva. Mis compañeros: Lorena, Patricia, Lluís, Isra, Antonio… que me han cogido fuerte de la mano y me he sentido uno más. Sin prejuicios ni juicios. Todo eso ha alimentado la experiencia como algo más fascinante. Y ver el patio de butacas del Olympia lleno y levantado aplaudiendo cada día ha sido abrumador.

Foto: Sergio Lacedonia

A Escena Valencia: ¿Cómo describirías a tu personaje?

Sergio Caballero: Rachin encarna la educación férrea, la disciplina, las normas, la autoridad extrema, la exigencia con los niños hasta límites no necesarios. Castigos, deberes, modales llevados a un exponencial superior… Tratar de entender a los personajes es clave para nuestro oficio de actor, así pues le ofrecí a Iborra la posibilidad de que se entendiese mucho más al personaje. Darle la posibilidad de empatizar con el público tal como debemos hacer los intérpretes con los personajes que escriben los autores. Llevarlo a un estado más humano, ya que en ocasiones se trata de mostrar solo una cara (o dos) en los personajes “tipo”: el malo. Entender los sufrimientos y bajezas, frustraciones y anhelos de Rachin en el monólogo final te reconcilia un poco con su rigor. Salir de escena después del monologazo final y que un niño de 7 años te diga -con los ojos vidriosos y vocecita de pena acariciándote la cara- “pobre Rachin”, te reconcilia con el resultado de tu trabajo.


A Escena Valencia: ¿Cómo ha sido el trabajo de dirección de Juan Luis Iborra y que destacarías de él?

Sergio Caballero: La confianza plena que Juan Luis depositó en mi desde la llamada de teléfono. Eso me fascinó. Él no tuvo ni un ápice de duda. Yo sí; no por pensar que no podía interpretarlo, sino porque el musical no es mi terreno, y a mi edad no es necesario exponerse tanto… jajaja… “Necesito un actor como tú. Sé que lo puedes hacer y además va a ser un regalazo. Lo vas a disfrutar”. Su compromiso con el teatro y su talento para aunar equipo y colocar todas las piezas hace que su nobleza artística se desarrolle con seguridad y tranquilidad. Me dirigió en Maror de Rodolf Sirera, hace un par de años y su determinación en mi para este proyecto me ha hecho conocerle un poco más. La franqueza, cariño y respeto con el que te habla es incombustible. Es gato viejo y tenía razón, pero las expectativas se han superado. Siempre le voy a estar mucho más que agradecido, porque me ha hecho sentirme muy especial y feliz con el montaje y el resultado final.


A Escena Valencia: ¿Qué comentarios te han llegado del espectáculo estos días? ¿Cómo ha sido prepararte para el musical y sobre todo cantar? 

Sergio Caballero: Tengo estudios de solfeo, estuve en una orquesta de plectro, en una coral, tuve grupo de música donde era vocalista y guitarra… pero esto fue en Vila-real, en mi adolescencia, en el pleistoceno y había que rescatar todo lo aprendido. Primero autodidacta; lo segundo que hice fue buscar ayuda extra ya que suponía que íbamos a tener pocos ensayos. Rebeca, una buena amiga y actriz (que también hace musicales) me puso en vereda. Ejercicios de respiración, trucos, nuevas técnicas para relajar toda la zona de las cuerdas vocales, y confianza. Mucha. Pero sin mentir. Es importante reconocer tus límites y carencias y atacarlas. Ella fue la que me animó a cantar una octava por arriba de cómo me lo había preparado. Y el trabajo culminó. Con la ayuda de Carmina (coach de los niños) donde todos los días hacíamos un calentamiento y ella me exponía las superaciones diarias. Eso sí, la primera semana con el esfínter bastante apretado, pero si uno se relaja, aprende a disfrutar de todo.

Me llevo las palabras y sensaciones de los músicos que nos acompañan en la función que han visto a más “Rachines” y del público fan que ha venido a ver la función por las novedades, o los padres y madres de los niños que han venido cada día y se han encontrado un Rachin que no habían visto jamás antes. Contundente en la parte de interpretación, con otras aristas: estricto, duro, con su humor e ironía, pero cargado de un trasfondo de dolor que hacía soltar la lágrima y el aplauso.

Compañeros de profesión que se han acercado al Olympia y me han redescubierto en otra faceta que tenía menos mostrada. Sus comentarios me han llenado de seguridad para ir creciendo en escena. Ha sido una catarsis de positivismo.

A Escena Valencia: Te acabas de incorporar a otro fenómeno teatral en Valencia, 'Escape Room'. ¿Cómo es tu personaje en este caso?

Sergio Caballero: Me meto en otra aventura arrolladora. Cojo el testigo de Xavi Mira, que junto a las productoras (Olympia Metropolitana y Albena Produccions) me ofrecen la posibilidad de interpretar a Edu. La función es un metrónomo exacto de palabras, gags, momentazos, sensaciones diversas para el espectador; y formar parte de eso es una fortuna. Hace un año cuando vi la función pensé desde el patio de butacas “ojalá la pudiese hacer” por su complejidad de ritmo y porque ejerce en el espectador el efecto deseado: una comedia que descarna la personalidad de los cuatro personajes de manera muy divertida. Edu es ese quiero y no puedo, medio pagafantas medio tierno, que se ha dejado arrastrar por su entorno para muchas cosas y reflexiones, pero conoce a Marina y esa noche con la excusa de hacer todos un Escape Room aflora la verdad. Tiene miedo todo el rato. De las reacciones del resto, de todo lo que va a salir a la luz pero quiere cambiar radicalmente y es su oportunidad de demostrarlo.

Foto: Marc Sinisi 

A Escena Valencia: ¿Qué te aporta el teatro como actor?

Sergio Caballero: A parte de felicidad plena porque es mi oficio elegido y me siento afortunado de poder vivir de él ya hace 30 años, el aprendizaje, las experiencias vitales y artísticas que me ofrece no me las da un viaje, o una relación. El ser actor es una aventura continua sin retorno donde ese periplo te hace crecer como persona y profesional. Si sabes aprovecharlo, claro. Pocos oficios te ofrecen esa posibilidad y en mi caso hay creencia en ello. No es casual, es elegido y tengo que apechugar en todas las caras de esta profesión. Estar conectado a la vida con algo es importante. Algo que te nutre y te hace querer avanzar y experimentar todo. Ya que todo forma parte de ello y para ello.

Cuando era pequeño tenía la inconsciencia y el deseo de ser uno de aquellos miles de personajes que veía en el teatro o en las películas, y un día tuve el empuje de pasar al otro lado, no ser mero espectador, sino parte activa de un oficio. Como su propia palabra indica: actuar. Saltar a las tablas, estar entre bambalinas, tramoyas, cables y cámaras. Atravesar el espejo y quedarme allí. Más allá de los límites y traspasarlos. Eso es adrenalina, cosquilleo… eso es sentirse vivo.

Foto: Marc Sinisi 

Muchas gracias a Sergio Caballero por esta entrevista para la revista A Escena Valencia.