Hablamos con Julio de la Iglesia, TEDAX, conferenciante y coach personal, además de amigo, sobre su libro "El miedo es de valientes" y sobre sus charlas y conferencias que tanto están ayudando a personas y a empresas a enfocar y vencer sus miedos. Una entrevista muy enriquecedora que no debéis perderos y que os ofrecemos a continuación.

A Escena Valencia: Julio, muchísimas gracias por estar en la revista A Escena Valencia. Lo primero que quería preguntarte es cómo vives este concepto del que hablas en tus charlas y en el libro: el miedo. Ese miedo que muchas veces nos paraliza para hacer cosas que realmente somos capaces de hacer, pero que no gestionamos bien por no dar el salto hacia lo que queremos conseguir y porque tenemos ese miedo o esos prejuicios, muchas veces mentales, que nos paralizan a la hora de hacer las cosas. ¿Cómo nació todo esto, este interés por este concepto, el miedo?

Julio de la Iglesia: Nació un poco del miedo y del dolor. Del dolor después de una separación y del miedo a no afrontar algunas situaciones de mi vida, como era separarme de mis seres queridos. Es verdad que para mí el miedo siempre ha sido como un interruptor rojo en el salpicadero, donde me ha avisado de que algo va mal pero a la vez ha puesto el énfasis en donde yo tenía que mejorar. Y cuando yo descubrí que el miedo me servía para eso, para ser esa persona que había soñado con ser o para aprender más, o esforzarme más, o ver las debilidades o los riesgos, o las carencias, me di cuenta de que el miedo realmente es una emoción muy necesaria, muy práctica y que me ha ayudado a ser mejor persona en general. Hasta donde llego y desde la mayor humildad, creo que el miedo está ahí para salvarnos la vida en todos los sentidos.


A Escena Valencia: ¿Cómo empezó en ti esta etapa, por así decirlo? ¿Ese cambio de gestionarlo para ti a de repente transformarlo en una herramienta de desarrollo personal, de formación, de dar conferencias?

Julio de la Iglesia: Hace muchísimos años me separé y a raíz de esa separación necesité nuevas herramientas para gestionar esa separación, ese duelo y ese fracaso a nivel personal, que era para mí una separación. Y ahí acabé en el coaching.

A raíz del coaching empecé a gestionar una de las emociones más importantes como es el miedo, y el propio mercado, los propios clientes, es donde yo veía que les impactaba más por mi experiencia previa como TEDAX, como desactivador de bombas y porque durante toda mi vida he sido, durante muchísimos años, ya no, claustrofóbico. No se entendía muy bien lo que era una fobia, cómo se sentían estas personas y esas experiencias personales fueron las que me llevaron a luego hacerme, en cierta medida, experto en la gestión del miedo.

Es verdad que por mi vida, en muchas circunstancias, me he visto en situaciones donde había un peligro real, tanto en la náutica, como en la montaña, como de policía, como en las boinas verdes, como de pescador, de altura... En fin, ha habido situaciones que me han hecho ver el miedo muy de cerca y desde luego no hay nada que concentre más que la percepción de que puedes llegar a morir en ese instante.


A Escena Valencia: Quiero preguntarte por tu experiencia como TEDAX, ¿cómo te preparas para una situación así?

Julio de la Iglesia: Es cierto que cuando adquieres el compromiso de ser policía, algunos riesgos ya los asumes, porque nuestro servicio siempre es en situaciones, o la mayoría de las veces, donde hay una crisis, hay un conflicto, hay una pelea, hay un riesgo, hay una agresión. Tu trabajo ya va a ser, en ese sentido, muy enfocado a gestionar situaciones de crisis y, en muchos casos, de peligro y de riesgo para tu vida.

Llegar a ser TEDAX fue por una experiencia personal que tuve en la calle, viendo a un TEDAX trabajar, donde me di cuenta de que la responsabilidad que asumía ese profesional, ese policía, ante esa incidencia, era muy diferente a la que asumía yo desde otra unidad en la que estaba y eso me llamó mucho la atención. También con el aplomo, la templanza y la profesionalidad que trabajó tanto él como todo el equipo que lo acompañaba.

Para mí eso fue muy atractivo. Es verdad que estás muy bien considerado dentro de la policía, la sociedad también tiene un concepto de nosotros muy elevado y es una unidad donde siempre estás en continuo aprendizaje y eso también puede parecer, a mí me lo parece, atractivo, por el hecho de no saberlo todo siempre y si quieres profundizar o ampliar, puedes seguir. No tienes un techo profesional. Aquí no. La verdad es muy exigente. Los equipos que están formados dentro del TEDAX son profesionales con un grado alto de motivación, de excelencia y eso también es muy de agradecer cuando vas a trabajar.


A Escena Valencia: Quería preguntarte cómo fue ese cambio, es decir, dedicarte más hacia esa docencia, hacia el coaching... ¿Algún punto de inflexión sobre lo que me estás comentando ahora o alguna experiencia que te dijiste que necesitabas transmitir?

Julio de la Iglesia: La verdad es que sigo trabajando, sigo operativo, sigo siendo TEDAX y también soy coach y doy conferencias. Doy formación y escribí un libro que me encargó Planeta, ‘El miedo es de valientes’.

Fue un poco por esa necesidad mía de solucionar mis problemas emocionales y luego era un momento de crecimiento del coaching y un poco el mercado también reclamaba profesionales como yo y desde la propia escuela donde me formé, pues a mí me invitaron a tener esta doble profesionalidad.


A Escena Valencia: Sobre el libro “El miedo es de valientes” ¿Qué me puedes contar?

Julio de la Iglesia: El libro llegó con el COVID y la verdad es que durante el COVID todos los coaches, mucha gente, todos los formadores, ponentes, nos quedamos sin trabajo. Las empresas cerraron, no se podía salir a la calle y congregar a personas dentro de un auditorio o teatro ya no era posible. Pero sí es verdad que en concreto, en la especialidad mía, la gestión del miedo se hizo muy popular en todos los sectores de la sociedad y fue así desde la primera entrevista que me hizo el mismo 14 de marzo el periodista Juan Ramón Lucas, en Onda Cero. A partir de ahí no dejaron de llamarme empresas profesionales y particulares. La verdad es que es un tipo muy solidario, muy social, muy comprometido, muy humano, muy sensible y a mí me parece un gran profesional que basa su trabajo en valores y tanto él como su mujer, como su hijo, en fin. He trabajado ya con ellos en tres ocasiones y la verdad es que tengo un recuerdo de ellos siempre muy grato.

Hizo un reportaje a los TEDAX también. A partir de ese momento, es verdad que también ocurrió la pandemia y entonces había muchas necesidades de saber cómo gestionar el miedo. Porque si había una emoción que estaba contaminando y contagiando, yo lo llamaba el “coronamiedo”, era eso.

Esa emoción del miedo que entró en todas las casas, que todo el mundo lo sentía en persona, en primera persona, también por sus queridos hijos, padres... Una editorial, en este caso la Editorial Alienta del Grupo Planeta, me escribió y me dijo que necesitaban que hiciera un libro sobre la gestión del miedo y que habían pensado que yo era el más representativo.

La verdad es que a raíz de ese libro, también surgieron nuevas alianzas y oportunidades de negocio y de impartir este conocimiento que les he dado.


A Escena Valencia: Por ejemplo, cuando una empresa te pide un curso o una charla con empleados, ¿cómo sueles gestionar lo que son esas jornadas? ¿Qué ejercicios les sueles proponer? ¿Qué herramientas les sueles marcar más a la hora de enfrentarse a un trabajo que a lo mejor le suponga algún obstáculo? Porque muchas veces creo que el miedo también es un poco a no expresar lo que realmente uno siente o quiere o a no saber expresarlo correctamente.

Julio de la Iglesia: Es verdad que hay un paralelismo entre mi trabajo como TEDAX y el trabajo de cualquier empresa. Al fin y al cabo, el miedo a fracasar, a no ser suficiente, a la soledad, a la pérdida de poder, al cambio, al despido... Pues todo esto es muy común en cualquier profesión. Es verdad que si me equivoco, normalmente es una tragedia. Normalmente alguien sale herido. Pero también es verdad que estos profesionales, si es un CEO de una compañía, debajo de él hay muchas familias que viven de su buena gestión, de sus decisiones. Para mí eso es una gran responsabilidad. Al fin y al cabo, tanto ellos como yo nos jugamos la vida. Si tú pierdes tu trabajo, pierdes tu casa, pierdes... Es que al final pierdes tu vida. De una manera no explícita, pero de alguna manera tu vida cambia.

Ellos se encuentran en esa experiencia mía, cuando yo les hablo de compromiso, les hablo de ser competentes, no solo de tener motivación, sino de saber hacer las cosas. De no convertirte en un tonto motivado, sino que seas un profesional, donde te has capacitado, donde te has formado. Ellos lo ven importante. El cumplimiento del deber, que yo lo tengo grabado a fuego, pues ellos entienden que estas nuevas generaciones a lo mejor no lo ven igual que ellos, que se quedaban sábados, domingos, que a cualquier hora estaban trabajando. Ellos entienden que el cumplimiento del deber va por ese sentido.

Les repito que el cumplimiento del deber es ese compromiso previo que tú has hecho y que cuando llega el momento de cumplirlo no te paras a pensar si te apetece o no te apetece, sino que simplemente te centras en hacer aquello que tienes que hacer sin pensar en lo que tienes que sufrir. Este tipo de cosas, encontrar motivos para la acción, encontrar ese objetivo que digas: lo primero es la misión y vamos a cumplirlo; podremos ganar, podremos perder, pero no nos vamos a rendir, y eso cambia todo el escenario. El no rendirte, el luchar con todo lo que tienes, jugarte de alguna manera tu vida, el no medir el esfuerzo, sino haber tomado esa decisión firme de alcanzar lo que quieres, a toda costa, muchas veces tiene resultados, pero claro, tiene un precio, tiene un precio alto, que es el compromiso al 100%, la dedicación plena, esfuerzo máximo, atención completa.


A Escena Valencia: ¿Qué es lo primero que les haces ver? Porque me imagino que muchas veces hay gente que lo tiene claro, que es un bloqueo por el miedo a algo concreto, pero hay gente que a lo mejor no, que es algo inconsciente. ¿Cómo les haces ver que estamos hablando de miedo y que desbloqueen?

Julio de la Iglesia: Vamos a ver, ¿qué te está impidiendo a ti, del punto A al punto B llegar? ¿Qué te está impidiendo a ti conseguir tus sueños, tus objetivos? Primero me tienes que definir qué es lo que crees que te está pasando. Pues mira, es que “yo no puedo llegar a hacer esto”, “no vendo”, “no soy suficiente”, “no me explico”, “no me entienden”, “tengo miedo a perder esto”...

¿Cómo se llama tu miedo y qué apellido tiene? Primero, hay que realmente enfrentarse a la realidad que tú estás viendo, que no es la que yo estoy viendo. Es la tuya, yo tengo que entender cuál es tu realidad. Si ellos definen bien qué es lo que quieren conseguir y qué les está impidiendo conseguirlo, a lo mejor en medio hay una creencia limitante, antigua, pretérita, infantil, de “en un momento dado de mi vida no fui capaz”, me he colgado ese cartel y ya jamás he vuelto a coger una raqueta, jamás he vuelto a hablar en público, jamás he hecho...

No somos piedras, somos barro en constante proceso de construcción. Vamos a trabajar esto, vamos a movernos un poquito, vamos a ver qué necesitas, vamos a crear, a generar algunas habilidades y con lo que tú ya tienes seguramente podrás hacer muchas cosas.


A Escena Valencia: ¿Alguna experiencia que hayas tenido que te haya impactado sobre ese tema?

Julio de la Iglesia: Recuerdo un taller que hice a bordo de un velero con una empresa donde dos de los comerciales mejores que tenían se llevaban a muerte, digo a muerte, que se habían amenazado físicamente por Whatsapp y los metí en un barco. En un barco no hay escapatoria, yo era el formador y a la vez era el capitán, o sea que ahí el que realmente tenía responsabilidad y digamos que el mando era yo. El mar hizo su trabajo, el mar es verdad que te apacigua, el mar es verdad que te conecta con una parte de ti mucho más primitiva, más humana, más sensible y luego hubo un momento en que enfrentas a esas personas a su espejo. Tanto uno como el otro eran muy parecidos y por eso chocaban y rivalizaban. Por eso, hubo que reencuadrar y reenfocar todo. “Admiro realmente como tú eres, tío, porque como tú eres es como yo soy y es verdad que eres un competidor”. Esa hermandad se fue haciendo, se fue construyendo y al final, pues no digo que queden los domingos para echar una barbacoa pero ha bajado o desaparecido el nivel de conflicto. 

A mí llega gente con miedos que a veces me sorprenden... Por ejemplo, miedo a las alturas y me está hablando un piloto de helicóptero. Miedo a los perros, me está hablando un torero. Miedo a hablar en público, si eres CEO de una compañía tienes que convencer, motivar, hablarle a la gente… Es curioso que a veces se ve ese contraste.


A Escena Valencia: También es verdad que no es lo mismo una comunicación interpersonal directa que a través de redes sociales...

Julio de la Iglesia: Es verdad que compartir implica un esfuerzo e implicarte en una conversación y en un espacio y dar espacio al otro. En cambio, desde la red yo elijo lo que quiero ver y doy a lo que me gusta sin esperar, sin tener respuesta.

Entonces, es mucho más cómodo obtener ese reconocimiento a través de la red y pensar que tu vida es mucho mejor que emplear tiempo y dinero en quedar, en tomar, en hablar, en salir. Cuando a ti a lo mejor no te apetece tanto escuchar la historia de tu amigo, de tu amiga o de ese colectivo. Lo que te apetece es volver a tu mundo personal porque tú cuando vas a trabajar, por ejemplo, tú no vas esperando que te reconozcan como arquitecto. Tú vas esperando que te reconozcan como Pepito, Juanita o Margarita. Siempre esperas que se apruebe lo que tú eres más allá de tu profesión, sino a ti como persona, que te validen. Y eso las redes sociales lo hacen muy rápido. En cuanto aparece un corazón tú ya piensas, “¡ay, le ha gustado!”…

La gente a partir de la pandemia ha encontrado que solo tampoco se está tan mal. Yo tengo mi mundo y ya está. Netflix y las plataformas a mucha gente la ha sentado en el sillón y sigue sentada en el sillón. Está deseando llegar a casa para ver su serie o para ver Instagram. Es un poco así. Las relaciones sociales se han vuelto en algún momento agresivas también. No es tan fácil hacer amigos porque cada uno va a lo suyo.

Hay veces que una persona te utiliza de “cubo de basura” para verter sus problemas y a veces te apetece menos quedar y quizá mandar un Whatsapp es mejor. Nos estamos volviendo muy individualistas, pero sí es verdad que no se ha creado “el día de la soledad no deseada” y es muy necesario ese día, porque si hay un problema es el de la soledad. Las viviendas se están quedando con sólo una persona y hay muchos singles y va a haber muchos espacios donde al final todas estas personas que ya van creciendo y van siendo mayores tendrán un espacio donde compartir, porque si no se quedarán solas en su casa y no serán viudas, no, es que se quedaron solos y... realmente es un problema el de la soledad, por eso las redes triunfan tanto porque de alguna manera te sientes acompañado, porque perteneces a una comunidad.

A un grupo de personas les das una bandera, unos colores, un lema, un logotipo y ya tienes una comunidad, un ejército, un país, un colectivo y ya no estás solo, ya perteneces a ese grupo. En mi época, fueron las tribus urbanas. Los heavys, los pijos… representaban un poco a todo ese desengaño cultural que había. “¿Y yo qué soy? Espera, que primero voy a escuchar este tipo de música y luego me voy a vestir como vamos todos los de ese tipo de música...” y eso se ha perdido un poco, es como que todo el mundo ahí va... Yo ya no veo esas diferencias, aunque todo el mundo se vea diferente y todo el mundo quiera, pero al final yo no veo esas diferencias y es difícil porque el miedo no lo siento. El miedo a ser diferente también es un miedo que yo veo mucho y si no te diferencias es que no te ven.

Recuerdo cuando empecé a dar las charlas que iba vestido como a mí me gustaba vestir entonces. Me ponía un pantalón de camuflaje, unas botas de combate porque me llamaba mucho la atención. Luego me ponía una americana y una corbata, con una camisa blanca... Llegaba al escenario y veía cómo las cabezas se juntaban y ya sabes que desde el escenario se ve todo. Al principio, a lo mejor te podían ver como un friki por la vestimenta, pero al final de la charla querían hacerse una foto contigo. Me ha encantado esa diferenciación. Es verdad que a mí me ha ayudado también a tener más trabajo, porque lo ves en cualquier foto mía, te puede gustar más o menos la indumentaria, pero no voy con las típicas zapatillas blancas, pantalones vaqueros, la camiseta negra de Steve Jobs... Desde el primer momento, salí con un crono que nadie lo hacía. Salía con una cuenta atrás en el escenario. Eso ha supuesto para mí también un esfuerzo grandísimo porque debía terminar en los últimos segundos de la charla.


A Escena Valencia: Al final es una gimnasia, un ejercicio de transmitir. ¿Cómo sientes desde ti esas charlas, esas ponencias, ese feedback de la gente?...

Julio de la Iglesia: No había dado una charla en mi vida. Había sido profesor de artes marciales, pero eso de subirte a un escenario y que te miren 300 personas no lo había hecho nunca. La primera charla que di fue con 250 o 300 personas, en un escenario redondo. La espalda no la tenías cubierta que es, por lo menos para mí, muy incómodo estar circulando. En esa charla, estaba la gente que yo más quería del mundo. O sea que si fracasaba iba a fracasar delante de toda mi comunidad. Lo viví como un gran reto y me escribí una charla de 7.234 palabras. Creo que me la aprendí absolutamente de memoria. Acabé en los últimos segundos de 60 minutos. Ensayé durante meses en casa con peluches de mi hija. Los ponía en el salón y les iba hablando a los peluches. Había un peluche que no me gustaba nada y yo me decía: “seguro que me encuentro con alguien que me mira mal”. Este va a ser el peluche malo y luego me grabé. Luego me vi en el escenario y lo conseguí con trabajo, trabajo y más trabajo.


A Escena Valencia: Quería preguntarte, ahora que ya tienes experiencia en la formación, en el coach y en las charlas, qué es en lo que te gustaría profundizar más de lo que has podido vivir o de lo que has podido estudiar. Algo que pienses que da para más, que puedes desarrollar más o profundizar más.

Julio de la Iglesia: Es verdad que los talleres que llevo ya un tiempo dando de liderazgo valiente, de equipos comando, todo eso veo que a la empresa le gusta. Tengo formación en supervivencia y estoy preparando algunos talleres en ese sentido. De supervivencia urbana, de técnicas, de mentalidad ante diferentes situaciones, y es un poco a lo que estoy derivando. No quiero desatender mi vida. Tú me has visto aquí con una cámara de fotos, me gusta la moto, me gusta navegar, me gusta dibujar… Me gustan muchas cosas que van más allá del coaching y van más allá del TEDAX. Soy muy disfrutón y muy de mis hobbies. La verdad es que a mí el día se me queda corto. Me levanto pronto y me suelo acostar a las 11 o así. Siempre tengo cosas en la cabeza y me gusta vivir así. Estar con gente también, me gusta hablar y hacer muchas cosas.


A Escena Valencia: Quería preguntarte por eso, porque sé que te gusta la fotografía también. Hemos hablado de tema de motos. Supongo que son esas parcelas que acabas de decir ahora. Ese disfrutar de tus aficiones. ¿Qué le encuentras a la fotografía o a la moto en tu vida?

Julio de la Iglesia: La foto es una manera de ver el mundo tal y como tú eres. Si yo te digo: “Vamos a hacer la foto de un tenedor”. Te pongo ese ejemplo. Seguramente, cada uno lo imagine de una manera en un escenario. Algunos sobre un mantel, otros pinchando una patata, otros como tridente, otros como una nave. La fotografía me permite ver el mundo realmente con presencia. No pasar por encima de él. Buscar aquello que a mi me interesa. Buscar el encuadre. Buscar la luz. Es como estar muy en la tierra. La moto me da esa sensación de libertad, de velocidad, de peligro, de adrenalina, de inmediatez. En Madrid, de rapidez, de comodidad. El barco es como un sueño infantil que me ha acompañado toda la vida. Para mí, navegar es de las cosas que más me gustan. Tener un barco es como tener un hijo, es algo para mí muy especial. Es un objeto que trasciende lo material. Es algo espiritual para mí. Es algo mágico navegar en contacto con el mar y estar detrás de un timón. Si me tengo que imaginar en un sitio feliz sería ahí, detrás de un timón, navegando.


A Escena Valencia: Hay que disfrutar del instante.

Julio de la Iglesia: Me gustaría que la gente se diese cuenta que lo que tenemos en la vida no es más que esto. Este instante que ahora tenemos. Yo me muevo en moto y Dios no lo quiera, pero la moto es un medio de locomoción muy peligroso. En cualquier momento te puedes caer y siempre te haces daño, siempre, aunque sea parado en un semáforo. Siempre te haces daño, ya no digamos si te caes de verdad a velocidad. Me gustaría decir que si realmente tú tienes algo en tu corazón que te hierve, no dejes de hacerlo. Ponte un plazo, a lo mejor no es el momento, pero no renuncies a ese sueño, porque el de la vela, por ejemplo, que yo ya lo retomé siendo mayor, cuando pude me compré un barco. Alguna vez pienso que hubiese sido de mi vida si me hubiese embarcado, no como polizón pero como marinero, como patrón en un barco. Me hubiese ido a dar la vuelta al mundo y esa duda alguna vez me persigue. Mira que mi vida ha sido muy bonita.

No dejes de hacer algo por miedo, piensa qué necesitas para conseguir esto que sueñas, “me gustaría hacerlo, puedo hacerlo”. Venga. Que no pasen los días así, pensando que ya está todo hecho. Tengo a mis padres vivos con 92 y con 86 años. La vida, al final, se puede alargar. Eso es suficiente para que pruebes eso que quieres. No sé si a ti te ha pasado de cumplir sueños que dices: “Pues al final lo estoy tocando y eso es muy bonito". Me gustaría decir esto, que el miedo no está ahí para atemorizarte. El miedo está ahí para decirte lo que tienes que mejorar para conseguir aquello que tanto deseas.


A Escena Valencia: Hemos hablado de tu parcela personal, de tu labor como coach y de tu manera de entender una emoción tan vital y arriesgada, como es el miedo. Quería darte personalmente mi enhorabuena por tu libro “El miedo es de valientes”. Me ha encantado y es muy completo. Creo que puede ayudar a cualquier persona a gestionar sus miedos. Quería preguntarte por la estructura del libro, los capítulos, la selección de contenidos…

Julio de la Iglesia: Creo que has tocado el punto clave, la fibra. Lo más difícil fue seleccionar qué estaría en el libro y qué se quedaba fuera. Tuve que pensar qué me gustaría leer en un libro sobre gestión del miedo. Me di cuenta de que si hacía un libro muy práctico pero poco hecho desde mi experiencia personal, iba a quedar un libro vacío de emoción. Intenté revisar mi biografía y revisar los puntos donde sentí miedo, donde lo he superado, qué herramientas he encontrado. Me tuve que desnudar un poco, es lo que más me costó de contar. La verdad es que en cuanto empecé fui perdiendo el miedo a hablar de mi ruptura matrimonial, de mi claustrofobia… no hay nada que ocultar. No soy ningún superhéroe.


A Escena Valencia: Lo que más me gustó del libro son esos momentos que describes y entrenar la emoción para vivirlos. Que te abres de esa manera y nos cuentas cómo se percibe el miedo desde dentro. Creo que es lo que más te hace entrar en la lectura del libro, aparte de los conocimientos, los esquemas, o los capítulos de contenidos más técnicos.

Julio de la Iglesia: No lo escribí en mucho tiempo. Con el trabajo y las responsabilidades se me fue echando el tiempo encima y los meses. No encontraba el momento de sentarme. Yo tenía una idea muy romántica de escribir, frente a la playa o en una cabaña en el bosque, en el mar en una cafetería bohemia… Al final, escribí metido en mi cuarto. Es verdad que me coloqué como un gran mural en la pared y ahí fui clavando cosas por los diferentes capítulos que quería incluir, un poco como a nivel policial con fotos y con temas que me resonaban y que quería contar. Ahí ya tuve una idea de la estructura bastante amplia y de cómo iba a quedar en el libro. Había momentos en los que sinceramente notabas que escribías desde un punto que trascendía de la mente. Era como algo muy intuitivo. Conectas con una parte de tu ser y decides hablar de algo tuyo.


A Escena Valencia: ¿Qué comentarios te han dicho personas que lo han leído?

Julio de la Iglesia: Me han dicho cosas maravillosas. Creo que si una persona tiene una sensibilidad y está en algún momento vulnerable, le refuerza esa parte valerosa y heroica. Te invita como ser humano a que tomes cartas en el asunto. El libro también me ha ayudado mucho a recolocar mi historia, a vencer algunos miedos y a hablar de algunos temas que tenía ahí y de los que no quería hablar. Ha sido muy sanador para mí.

Muchas gracias a Julio de la Iglesia por esta entrevista para la revista A Escena Valencia.