La emigración española de los años 60 sube al escenario con "Un lugar de partida"

Los movimientos migratorios no son una novedad. Han acompañado a la evolución de la especie humana. Pero en cada época se han vivido de manera distinta. ¿O no? 

Es lo que plantea Un lugar de partida, una obra escrita y dirigida por Iria Márquez.

Dentro del XII ‘Cicle de Companyies Valencianes’, del 17 al 20 de noviembre vuelve a la cartelera de la ciudad esta pieza de Vivirei Teatro que se hizo Premio del Púbico de Sala Russafa al Mejor Espectáculo Valenciano en 2021. La actriz, dramaturga y directora narra en este espectáculo el fenómeno migratorio que vivió España en los años sesenta, perdiendo en poco más de una década casi un millón de habitantes. Dos de ellos fueron sus padres, protagonistas de esta historia, instalados en Alemania en busca de una prosperidad llena de sombras.

“El proyecto nació para una edición de Russafa Escénica que tenía como tema España. Hacía tiempo que me rondaba la idea de investigar la emigración porque se me hizo muy evidente que podía ser algo casi cíclico cuando mi hermano, a raíz de la crisis de 2008, tuvo que instalarse en Estados Unidos para poder seguir desarrollando su carrera profesional. Era como si la vivencia de mis padres, de alguna manera, nos hubiera marcado a los hijos”, reflexiona Márquez, quien también vive desplazada de su lugar de origen, al haber abandonado Madrid para instalarse desde hace ocho años en València.

El espectáculo, que empezó como una pieza de corta duración, pudo extenderse gracias al programa Graners de Creació, que le permitió disfrutar de una residencia creativa en Sala Russafa, donde se estrenó en abril de 2021. Ella misma era la encargada de interpretar entonces a Maria Jesusa, su madre. Y Juan Carlos Garés encarnaba a su padre, Ángel.

Pero los compromisos profesionales de ambos intérpretes hacían imposible girar la pieza. Así que les han dado el relevo los actores Héctor Fuster y Lucía Poveda, que componen el nuevo elenco de una propuesta donde las pequeñas anécdotas de una pareja emigrada trascienden hasta conformar una reflexión sobre el sentido de pertenencia.

LA AUTONOMÍA EN LAS PROPIAS DECISIONES Y LA DISTANCIA COMO ELEMENTO DE SEPARACIÓN, PERO TAMBIÉN DE CERCANÍA

“Mis padres se casaron casi sin conocerse, tras una relación breve, mayoritariamente por correspondencia. Él ya vivía en Alemania y se conocieron un verano en Lugo. Cuando mi madre siguió sus pasos, se hicieron palpables dos maneras muy diferentes de vivir la emigración”, explica la autora y dramaturga.

En el espectáculo, uno de los personajes ve en la experiencia migratoria una herramienta para prosperar, mientras que el otro la sufre como un profundo desarraigo. “Por eso el título habla de ‘Un lugar de partida’, donde unos encuentran el punto de arranque para una nueva vida, mientras que para otros es un verdadero hachazo que les parte en dos mitades. Y su cabeza está en un sitio, mientras que el corazón permanece en otro”, comenta Márquez.

Para escribir esta historia, buceó en los recuerdos de familiares cercanos y de sus propios padres, pero también en documentos de la época, que reflejaban el éxodo al que, en opinión de la autora, animaba la dictadura franquista. “Cuando un país no te permite desarrollarte en lo profesional ni en lo personal, de alguna manera te está incitando a que te vayas. Se genera un discurso sobre la valentía y la aventura de salir a buscarse el sustento que, en realidad, enmascara el fracaso de un sistema político y social que no es capaz de ofrecer las condiciones para una vida digna”, afirma la autora, recordando que esto se ha vivido en España en diferentes momentos de la historia; pero también en otros países, de los que ahora es receptora de población desplazada. “Debería de ser fácil empatizar con la gente que llega aquí para intentar salir adelante porque, seguramente, sienten la distancia de la misma manera que la sintieron muchos españoles emigrados en los años 60. Por una parte, les aleja de sus familias, de su cultura. Pero, por otra, estrecha increíblemente todos esos vínculos”, apunta la dramaturga y directora de escena.

UN ESPECTÁCULO QUE COMBINA REALIDAD Y REFLEXIÓN, ALTERNANDO MOMENTOS DIVERTIDOS, SENSIBLES Y LLENOS DE VERDAD 

Un lugar de partida arranca con escenas llenas de ternura y optimismo en las primeras fases de la relación de una pareja que podría ser la historia de tantos españoles de entonces o de ahora. E incorpora el humor para evidenciar los esfuerzos de Ángel y Maria Jesusa por mantener viva una unión cuando las diferencias se hacen cada vez más grandes. Pero también hay espacio para el drama y la reflexión en una trama que acompaña al matrimonio a lo largo de 10 años.

La escenografía y el vestuario va acompasando la evolución vital de los personajes. Y la proyección de fotografías e imágenes familiares de Super 8 remarca el realismo de este espectáculo de ‘autoficción’. Además, la puesta en escena trata de conectar el pasado con el presente mediante su banda sonora.

Incluye composiciones originales y versiones del folclore gallego, como La Rianxeira; junto a las de canciones populares como El Emigrante, de Juanito Valderrama; Radioactivity, de Kraftwerk; o la interpretación de Hurt por Johnny Cash.  Todo ello corre a cargo de artistas de la escena musical independiente como Galope, El Ser Humano o David Campillos. Y suma la cesión del tema Buscando un lugar donde vivir, de Alberto Montero.

El resultado es un montaje que ha reunido el apoyo de crítica y público, donde resuenan las historias de familiares y conocidos. Los espectadores conectan fácilmente con esta pieza que, a través de las emociones, les invita a pararse a pensar en de qué está hecha la tierra que ancla sus raíces.    

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